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farsawordpressFalsedad, farsa, estafa… son unos pocos ejemplos y artífices de lo que alguien puede hacer por alimentar a su amante más caprichosa, la fama. 

“La felicidad la da la fama, la fama el dinero, ergo, la felicidad es el dinero” Es fácil caer en esta premisa cuando una persona no sabe encajar correctamente las alabanzas y las críticas y encuentra que la única manera de alcanzar la realización es acrecentando su ego.

Así es como nace el personaje que hoy nos ocupa, Mamoru Samuragochi, compositor de música contemporánea más conocido como “El Beethoven japonés”, sobrenombre ganado gracias a/por culpa de su sordera diagnosticada hace 15 años, a la edad de 35.

Un hombre envuelto en misticismo, perennemente oculto tras unas gafas de sol y melena que le otorgan ese aire ascético a los ojos de los medios. “Pseudocompositor” de grandes obras como “Hiroshima”, escrita en honor a las víctimas de la conocida bomba lanzada a finales de la Segunda Guerra Mundial y bandas sonoras para el primer videojuego de la franquicia “Resident Evil” así como  “Onimusha” de la compañía Capcom. Según su biografía oficial, él fue uno de los supervivientes del ataque nuclear… vaya usted a saber si es verdad ¿Por qué esta duda? Por que el hombre en cuestión ni era sordo ni era músico.

En una multitudinaria rueda de prensa concertada por el músico Takashi Niigaki tras conocer que una de las obras de Mamoru iba a parecer en los Juegos Olímpicos de Sochi, se descubrió que el ya nombrado Takashi estuvo componiendo durante 18 años piezas para Samuragochi que este no tardaba en firmar como suyas. Afirmó no haber tenido ni una sola vez “la sensación de que (él) tuviera problemas para oír”, y añadió Había veces que escuchaba la música y daba sus impresiones”.

Niigaki, profesor de música en la prestigiosa Toho Gakuen, aseguró haber empezado a colaborar con el hombre en cuestión bajo el contrato de “ayudante” pero que con el tiempo se empezó a dar cuenta de las carencias musicales de su compañero. El músico pidió perdón públicamente por ser partícipe de lo que calificó como fraude y precisó que durante los últimos 18 años recibió unos 7 millones de yenes (poco más de 5.000 euros) a cambio de componer más de 20 piezas que el “Beethoven japonés” publicó después como suyas.

Samuragochi no tardó en hacer pública la verdad y afirmar que su capacidad auditiva se había recuperado hasta un punto en el que a veces entiende las palabras cuando alguien le “habla despacio y con claridad cerca del oído, aunque suena distorsionado y apagado”.

Confesó también a través de su abogado haber contratado a el señor Takashi para escribir sus principales obras.

“Empecé a utilizar a alguien para que compusiera por mí hacia 1996, cuando me encargaron la banda sonora de una película por primera vez. Esta persona me ayudó en más de la mitad de la banda original”

El Beethoven, que disfrutaba de un certificado de discapacidad expedido por el Gobierno japonés, añadió que está deseando someterse a una nueva prueba de audición y que no tendrá inconveniente en renunciar a él si los resultados establecen que no es apto para ostentarlo.

Fama, ansiada fama…

Daniel Figares

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