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pixieswordpressHablar a estas alturas sobre mi melomanía resulta un poco absurdo, y más cuando es la primera vez que empleo el adjetivo hacia mi persona sin connotación peyorativa, aunque esta no se vea reflejada en la definición etimológica, siempre la he utilizado así, ¿Alguna vez he dicho lo poco que me gustan las definiciones?

Seguro que todos (incluída/o tú) tenemos grupos de esos sin los que no podríamos vivir. Mi debilidad depende de demasiados, así que poco a poco comienzo a aceptar la denominación.

Tiempo hace, mucho, (quizás demasiado) que en el mundo de la publicidad se emplean temas musicales de acervo cultural buscando así crear una atmósfera cómoda y por ende con aire “familiar” para el espectador, con la única finalidad de captar clientes potenciales hacia su marca. Es una buena estrategia, la nostalgia juega un papel fundamental en las decisiones y manera de actuar de las personas ¿Cuándo fue la última vez que una canción te evocó un grato recuerdo o una sensación que creías olvidada?

Me vienen a la mente anuncios como el perfume Hugo Boss con el tema “Angel” de Massive Attack, Louis Vuitton y la huida del Louvre en globo al compás de “In the house – in the heartbeat” de 28 días después o el esperpéntico Dior de Robert Pattinson y “Whole lotta love”.

Quizás el grupo más utilizado, o que al menos yo más he escuchado, en estos menesteres son “The Pixies” y su clásico “Where is my mind”… anda que no tienen temas esta gente.

Se han escrito ríos de píxeles sobre la obra del cuarteto de Boston, uno de esos grupos que “crearon” el sonido de los 90, que dejaron un legado para la historia, no sólo personal si no a modo de influencia en formaciones que hoy en día disfrutamos y que me impulsaron a montar sobre las cuatro cuerdas.

Como suele ocurrir, muchos fans que sienten un profundo respeto hacia la banda publican en Internet casi a diario miles de versiones o “covers” de clásicos de la formación. Grandes temas como el Where is my mind de Petebox, “Gigantic” de Charly Bliss o el que hoy nos ocupa, Maxence Cyrin.

Max es un compositor y pianista francés que trabaja habitualmente creando música para reconocidas marcas como Chanel, Lanvin o Margiela. Su fama fuera de este ámbito, hacia el populacho, apareció con el boom de Youtube. Aunque la plataforma de videos data de un inicio mucho anterior, en 2009 comenzó a expandirse y popularizarse, así fue como nació esta versión de Where is my mind de Maxence Cyrin, una preciosa interpretación pianística del clásico.

Extraña fue la sorpresa al escuchar este mismo tema en un comercial de la serie “Mentes Criminales” del canal Berlusconiano “Factoría de Ficción”. La duda me asalta sobre el pago de royalties.

Sabemos que las adaptaciones de una obra son posibles sin desembolsar nada por derechos a sus autores siempre y cuando no haya fines lucrativos. El señor Cyrin (o su discográfica) posee los derechos de este tema y de otros muchos como su compilado “Novö Piano” y el sello Kwaidan Records demuestran, por lo que estamos ante una “versión” de uso comercial, así pues, Max tuvo que pagar unos derechos de autor para poder realizar su obra pero… ¿Y Mediaset? ¿Les salió más barato esto que comprar la original? ¿Al tratarse de una obra “derivada” no tuvo que pagar nada a The Pixies?

Daniel Figares

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